A veces me pregunto por qué el orgullo puede manejar a las personas, por qué las domina y hace que éstas no actúen pensando.
Me resulta insoportable lidiar con eso, hasta en mí misma; el orgullo es destructivo. Por culpa del orgullo, arruinamos momentos, perdemos tiempo estando equivocados y sin ser capaces de disculparnos.
¿No será más fácil dominar ese orgullo? O al menos hacer un intento, porque vale más la pena, que ni siquiera esforzarse.
El orgullo nos hace ver como si no nos importara el otro, como si no pudiéramos comportarnos como seres racionales y nos dejáramos llevar por cada tontería que pensamos.
¿Tan complicado es despegarse de todo ese sentimiento de orgullo y soberbia?
No, es más fácil afrontarlo, disculparse en caso de haber cometido un error o reírse de uno mismo ante una insignificante confusión momentánea.
Sí, tal vez a veces se torna un poco difícil, pero tampoco es algo imposible.
Si actuáramos como orgullosos todo el tiempo, perderíamos a nuestros seres queridos. Las personas nos verían como idiotas y todo sería mucho más complicado. Mejor es ser sincero con uno mismo y aceptar cuándo estamos equivocados, ¿no? Eso creo yo, no sé ustedes, no sé otras personas, pero estaría bueno pensarlo...
Otras veces el orgullo es muy necesario, si no lo tuviéramos, seríamos vulnerables ante todo. El problema es cuando se convierte en arrogancia, eso sí me resulta intolerable.
¿No les parece que la vida es demasiado corta como para perder tiempo siendo orgullosos por demás? Se vive mejor sabiendo que si nos equivocamos, pedir perdón es lo primero y reflexionar para crecer es lo que sigue...
Evelyn