Eran las tres de la mañana, una fuerte tormenta azotaba el pueblo, una casa tan precaria no podría soportarla pensé, aunque mi abuelo siempre me contaba que era tan fuerte que podría resistir unos cien tornados; jamás le creí pero me lo contó siempre tan entusiasmado que por miedo a desilusionarlo actué siempre muy sorprendida y orgullosa de él y de su capacidad para poder construir algo tan resistente. Mi paciencia comenzaba a acabarse y estaba a punto de ir a buscarlo cuando para mi sorpresa la tormenta cesó y un cielo azul hermoso y estrellado se vió sobre el escenario de esa noche.
Al amanecer ya era un día soleado, lleno de pájaros cantando alegremente. Fui a despertar a mi abuelo quién ya no estaba en su cama sino que se habia levantado ya muy temprano y habia ido a la ciudad a buscar comida. Estaba leyendo la nota que me habia dejado sobre la mesa junto con el desayuno, cuando alguien tocó la puerta. Desde atrás dije – ¿Quién es? Y no recibí respuesta. Volví a interrogar – Cómo te llamas? Pero nadie respondió. Abrí la puerta y no habia nadie alli, solo los patos y las gallinas revoloteando por la granja. Temí, pero en seguida olvidé el hecho y seguí con mis cosas, me senté a la mesa a tomar ese rico desayuno que mi abuelo me habia dejado. Al terminar, me vestí y comencé con mi rutina de todos los días: darle de comer a las gallinas, a los caballos, a los patos, y cada ser vivo de la granja, luego debía ir a ayudar a mi abuelo con algunos trabajos rurales... él y yo llevábamos bien la granja, éramos como mejores amigos, siempre tan unidos y felices compartiendo cada momento.
Una mañana sin sol, una triste mañana fue cuando mi vida tomó otro rumbo y dejó de ser lo que era... mi abuelo habia marchado temprano hacia la ciudad y yo me levanté dispuesta a hacer mi rutina del día, cuando me tomó por sorpresa la aparición de mi abuelo con una extraña mujerzuela que en mi opinión, buscaba alguien que le deje una buena herencia. Muy sonriente se lo veía a mi abuelo al llegar, ella era una dama con todas las letras, usaba un traje de excelente calidad y tenía un prestigio que ni mi abuelo ni yo podríamos tener en nuestra vida entera. –Ella es Zulema – me la presentó – Encantada- le dije con mi mejor sonrisa aunque, claramente era totalmente falsa. En seguida se puso a interrogarme, y le preguntó a mi abuelo: - Por qué siendo tan pequeña no va a la escuela? – mi abuelo le respondió que no podíamos pagar una escuela y que yo me sentía mejor acompañándolo a él en su trabajo que claramente era mi trabajo también y así era feliz. Pero cuando un hombre se enamora, está completamente embobado, y sí, mi abuelo se habia enamorado completamente de esta espantosa mujer que vestía tan bien, quién le llenó la cabeza a un pobre anciano sobre lo que tenía que hacer con su nieta, y cuál era el mejor futuro para ella. Me negué, sí, me negué completamente a ir a una escuela, pero desafortunadamente esta señora marcó su territorio y pasó a ser como mi “abuela” aunque jamás ocupó ese lugar en mi corazón, siempre fue una completa extraña.
Las clases comenzaron pronto y yo tuve que ir pupila a esa horrible escuela, llena de muchachas con ropas lujosas, padres empresarios y autos caros. En fin, no era, en absoluto, un lugar para mí. Extrañaba a mi abuelo, mi rutina, mis costumbres, mi hermoso campo... a esos animales, extrañaba MI vida que esa intrusa me robó.
Prontó me enteré de que mi abuelo había invertido en el campo y lo habia vendido a unos empresarios, ese campo se convirtió en un gran shopping y todos mis sueños y mis convicciones cayeron en picada. Esa casa tan hermosa que mi abuelo habia construido, fue derribada, y me dolió tanto que esa noche no dormí pensando en la tristeza que me daba. Mi abuelo y su mujer, porque no voy a decir “mi abuela”, vivían en una casa inmensa en la ciudad, cerca del centro de tortura al que yo asistía (mi escuela)
Aunque dejó de ser una tortura en poco tiempo, ya que, conocí algunas chicas que eran más bien parecidas a mí, y me interesaban las clases de historia y ciencias naturales. En matemática no era buena, y en lengua sí lo era, aunque no me gustaba mucho. Fui acostumbrándome a esa vida y pronto olvidé lo que había sido antes.
No me reconocía, pero así era yo, una chica más de ese colegio y de esa ciudad.
Mi sueño ahora era ser bióloga y con el paso de los años fui adentrándome más en el tema. Mi abuelo era dueño de una importante empresa de autos, autos lujosos tales como el de su mujer a quién yo odié todos los años de mi vida. Y, cuando por fin, cumplí mis dieciocho años, me recibí y me mudé a una casa cerca del campo. Comencé mis estudios de biología en la universidad estatal de la ciudad, a la cual asistí con una de mis más amigas con la que compartíamos muchas cosas.
Mi abuelo me llamaba cada día al despertar y me preguntaba cómo estaba y cómo iban mis estudios, mi abuela postiza también lo hacía pero yo contestaba de una manera muy descortés. Sé que suena infantil, pero nunca pude demostrarle respeto a una persona que para mí punto de vista me invadió completamente y destruyó el vínculo que tenía con mi abuelo y toda mi vida. Aunque también disfrutaba de mi nueva vida, mis estudios que de no haber sido por ella jamás lo podría haber hecho, no soportaba la idea de su aparición en mi vida.
Una hermosa tarde cuando regresaba de la universidad, muy cansada, pensé en pasar un rato a la casa de mi abuelo y charlar un rato con unos mates de por medio. Tenía copias de las llaves, asi que entré y lo llamé – Abuelo, abuelo soy yo! - Nadie contestaba, entonces accedí a llamar a Zulema. – Zulema, soy yo! Hola, hay alguien? – Comprendí que no habia nadie en esa inmensa casa llena de increíbles columnas imponentes. Cerré la puerta y me marché a mi casa. Al llegar, tomé el teléfono y en seguida llamé a la empresa en la que mi abuelo trabajaba, allí me dijeron que él se habia ido muy temprano junto con Zulema quién lo habia recogido por la empresa. No sabía qué pensar, si se habían ido juntos entonces quizás estarían en un bello lugar, disfrutando de su compañía, uno del otro. Pero realmente sentía una preocupación, algo no estaba bien, ¿por qué no me habrían avisado? Horas más tarde, llego mi amiga que dicho sea de paso, vivía conmigo ya que había tenido un problema con sus padres. Ella me sugirió que tal vez querían un tiempo solos y no había necesidad de avisarme, ya que, tenía dieciocho años, ya no era una niña. Entonces recordé que mi abuelo, sí lo hubiera hecho, él y yo éramos tan unidos en mi infancia que sé que aunque yo tuviera dieciocho años él me avisaría cada cosa que haga, y yo a él. Pero, claro, Zulema ya era parte de él y casi todas las últimas decisiones que había tomado en los últimos años de su vida eran idea de ella. Mi abuelo ya estaba muy grande, creí que seria bueno que dejara el trabajo y pensaba decírselo cuando volviera de la escapada con su mujer.
Tres días después mi preocupación se hizo mayor, tres días sí, tres días habían pasado y no había ni rastro de mi abuelo ni de Zulema. Entonces fue cuando intenté no pensar en lo peor, y llamé a la policía de toda la ciudad, ordené que los busquen por todos lados, en cada sitio posible; pero no hubo respuesta. Pasada una semana mi vida ya era un caos, había dejado de estudiar y me dedicaba día y noche a la búsqueda de mi abuelo, con la ayuda de mi amiga, que por cierto, también había dejado los estudios y me sentía muy mal por ello. Ella aseguraba que ayudarme era lo que más quería, y sí, éramos muy unidas y fieles una a la otra.
Decidí regresar a su casa, me quedé ahí por unos dos o tres días. Y allí encontré una nota, una larga nota que estaba escondida dentro de la funda de una almohada:
“Querida nieta, recuerdo cada día contigo, todo lo que hemos compartido y siempre te amaré. Nunca te conté que me han buscado por algunas participaciones mías en grupos que en viejas épocas llamaban “los subversivos”. Te he hablado sobre esos tiempos oscuros alguna vez y sabes bien de lo que hablo. No volveré jamás, y no te diré tampoco donde estoy, por tu bien y el mío... ya me queda poco tiempo de vida querida nietita, mi orgullo por ti crece día a día, por la persona que eres y siempre has sido, siempre supiste como hacer feliz a un viejo anciano. Siempre vas a ser mi hermosa nietita. Lamento haberte hecho ir a esa escuela, Zulema me ha cegado completamente, ella ahora no está conmigo, logré escaparme; ella jamás estuvo conmigo. Era una detective que buscaba datos sobre mi vida, sobre mis participaciones en aquel grupo. Pero, ten cuidado, ella te buscará porque sé lo que quiere. Las calles están peligrosas y me recuerdan a esas viejas épocas, claro que no se vive lo mismo, pero querida nieta, cuídate mucho y sé feliz siempre. Intenta irte lejos, vuelve a ese campo en el que tú y yo alguna vez fuimos muy felices, derriba ese shopping y vuelve a trabajar el campo. La vida es corta y debes vivirla como si fuera a acabarse mañana mismo, cumple tus sueños, siempre estaré contigo.
Tu abuelo.”
No terminé de leerla, cuando mis lágrimas ya habían mojado todo mi rostro. Junto con mi amiga, planeamos un viaje a tierras lejanas; jamás regresamos.
Luego de treinta años, mis hijos me piden que les cuente más y más sobre esta historia.
Lo cierto es que siempre me ha quedado curiosidad de aquella vez en la que alguien tocó la puerta y nunca supe quién había sido... sé que ese misterio me quedará por siempre.
Mi abuelo, siempre estará en mi corazón, siempre será mi gran ejemplo de un hombre cuya dignidad se la llevó una hermosa mujer de mucho prestigio, en tan sólo un instante. Un instante de mi vida. Esa mujer que acabó con toda mi felicidad de la infancia, pero que no se llevó la vida de nadie. Sé que mi abuelo está vivo en alguna parte, puedo sentirlo. En las noches, la brisa del mar me trae su olor y su recuerdo quedó plasmado en mi alma.
Evelyn Cantore
(escrito en el año 2009)