domingo, 3 de marzo de 2013

El azar, su destino, su felicidad.


Había sonado extraño el llamado que recibió en la mañana, sólo le dijo que haría lo correcto y que no volvería a cometer el mismo error. Fue duro, toda su fe la había dejado allí, lo quiso con cada parte de su cuerpo. Amó, le dio todo, todo lo que más pudo. Fue complicado entender que ya no quisiera verla, pero tomó coraje y supo que nadie ni nada, nunca, la volvería a lastimar.Pasó el tiempo, pero nunca logró recuperarse. Era como si buscara aún su felicidad, como si siguiera indagando en los vestigios de toda su vida sin poder encontrar algún momento de alegría...No supo qué hacer y se marchó, huyó. Lejos de cualquier cosa o persona que pudiera hacerle algún daño. Salió de su casa, a pesar de la fuerte tormenta, sin importarle siquiera si volvería o no.La lluvia llegó a empaparla completamente, sólo se salvó del agua un cuaderno en donde escribía. Como protegiéndolo, lo abrazaba fuertemente y lo cubría con su campera de abrigo. Algunas lágrimas caían y se mezclaban con las gotas de la ahora, llovizna; ya casi había cesado la tormenta.Sabía que todo lo que había vivido, sería un empujón hacia algo muchísimo mejor. No tenía idea de qué le esperaría. Pero, sentía un gran alivio al haber escapado de aquel infierno aterrador.

No sabía diferenciar entre la tristeza, la angustia, la escasa melancolía, la bronca y el rencor, la decepción y la sensación de ese dolor tan intenso en su pecho. Le escapó, le escapó a su conciencia, a sus pensamientos... Huyó de sus recuerdos, de esos que la azotaban y le destruían el alma por completo. Comprendió que eso debía hacer, y volvió; regresó a su casa. Pero jamás retornó a aquellas reminiscencias. 


Evelyn. 

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